martes, 22 de septiembre de 2009

Consecuencias

¿Cómo puede alguien guardar en su cabeza una imagen así? Por mucho que David se repetía a si mismo que era imposible, cuando cerraba los ojos seguía viendo envejecer el rostro de aquel estudiante. Le veía cambiar al menos treinta años en menos de treinta segundos. Y el tiempo parecía bajar su velocidad en picado cuando ponía los ojos en blanco y David se daba cuenta de que había muerto. Era la primera vez que veía morir a otra persona en directo, casi al alcance de la mano, y el recuerdo le impresionaba sobre todo porque su mente le decía que era imposible. Pero no podía ser tan imposible cuando recordaba haber huido del cadáver. O cuando recordaba haber metido las manos bajo sus piernas en el autobús de regreso para tratar de disimular el temblor. O cuando pensaba en la noche que pasó sin dormir, con la manta sobre su cabeza, oculto, mientras mordía una de sus camisetas para evitar el castañeteo de sus dientes. Aquella noche apenas durmió unas horas antes de que sonara el despertador. El cielo apenas empezaba a aclarar el azul oscuro que precede al amanecer, y la cabeza le dolía de falta de descanso. No podía ser imposible si confiaba en sus recuerdos. No podía ser posible si seguía creyendo que un hombre no puede envejecer un año por segundo ante sus ojos. Pero si el efecto del tiempo no es tal como había creído durante toda su vida, tal como todo el mundo había creído siempre, ¿cuántas otras cosas serían distintas?
Y sobre todo, recordaba la voz de aquel tipo. "Buen trabajo", dijo. Como si hubiera sido cosa suya, de David. Y entonces surgía un pensamiento a medio reconocer, que le decía que había elegido ese destino para aquel joven. Pero era él o yo, pensaba. Y entonces se reforzaba la idea de que él, David, era el responsable de aquella muerte que desafiaba a la propia realidad. Le dijo a su madre que se encontraba mal y pasó todo el día en la cama.
Tuvo una pesadilla en la que no llegaba el tipo del abrigo sino que el propio David tendía una mano como una garra hacia el joven, éste volaba hasta ella, y casi notaba el pulso de su cuello mientras veía envejecer su cara llena de miedo. Cuando moría y sus ojos se ponían en blanco David despertó en la habitación a oscuras. Ya era de noche, miraba su reflejo en el espejo, apenas iluminado con las luces de la calle, mientras se tranquilizaba y se daba cuenta de que lo que le aterraba era que creía que él mismo era aquel joven. Entonces se dio cuenta de algo que parecía ir en contra de todo lo que se supone que debe pensar una persona en una situación así: tenía hambre. Parecía ridículo en esa situación y empezó a preocuparle el ser consciente de una necesidad tan cotidiana. ¿Una persona normal se daría cuenta siquiera de si tenía hambre? He estado al menos un día sin comer, no me pasa nada, es normal tener hambre, pensó. A pesar de eso, le llevó dos horas más de repetírselo y de darle vueltas en la cabeza antes de ser capaz de levantarse en la oscuridad de su cuarto y dirigirse despacio a la cocina, tratando de no hacer ruido para no despertar a sus padres, que dormían despreocupados. Pensar en sus padres le recordó que debería ir a clase al día siguiente, o fingirlo al menos, no quería que pensaran que estaba enfermo o que se pusieran nerviosos o preocupados. Seguro que le haría parecer relacionado cuando saliera la noticia de la desaparición de un estudiante de la misma universidad. Podía imaginarlo "sí, la verdad es que poco después empezó a comportarse de un modo raro, no quería ir a clase y tal." Sus padres no pensarían que fuera sospechoso, pero sí que él sabía algo que callaba por miedo, quizá por bandas o algo así, y la policía empezaría a preguntar, y a investigar... Tenía que quitarse esa idea de la cabeza. Abrió la despensa y en cuanto vio las tabletas de chocolate para los exámenes su cerebro pareció reaccionar y decir "esto, come esto", así que agarró la primera y sacó el brik de leche del frigorífico. Lo masticaba sin entusiasmo, notando una bola de culpabilidad en su pecho más y más grande cuanto más llenaba su boca el sabor dulce y cremoso del chocolate. Mientras la parte más instintiva de su mente se concentraba en las sensaciones y en la satisfacción de forma casi animal, casi feliz, la parte más intelectual no dejaba de pensar que estaba mal tener esas sensaciones, no verse sobrepasado por el horror de lo hecho.
...
Por la mañana selevantó, aún dándole vueltas a la misma idea. Cuando se dio cuenta, estaba en el metro, sentado entre una estudiante de arquitectura o bellas artes, a juzgar por el tamaño de su carpeta, y un tipo con traje y corbata que jugaba con su PSP ajeno al mundo exterior. Ante la ausencia de instrucciones, su cuerpo parecía haber escogido el camino más acostumbrado. David empezó a mirar alrededor. La sensación de que los demás sabían lo que había ocurrido desaparecieron, pero persistía la idea de que sería mirado con horror si lo supieran. O ser perseguido, encerrado, interrogado sin piedad... te venderían pensó. Te venderían alegremente. Pensó en a quién le venderían y en su mente apareció la mente del tipo del abrigo, sonriendo de lado, posiblemente mientras unos tipos de negro y con gafas de sol le sujetaban y se lo llevaban a algún sitio. Había visto algo que no debería haber visto.
Vendrán a por ti
No, son imaginaciones. Nadie lo sabe, ni lo sabrá.
¿Y si están esperando? Vigilándote para ver si das un paso en falso.

Un chaval escribía en un cuaderno en el banco de enfrente, en la otra esquina. Mientras David miraba, el chico le echó un vistazo de reojo y siguió con su cuaderno. Se preguntó qué estaba escribiendo, con la súbita sensación de que eran notas sobre él, para algún informe de comportamiento o algo así. Entonces recordó la estrella que había dibujado aquel estudiante en el suelo.
Se supone que eso es un símbolo de brujería, así que él no quería mi sangre para nada bueno. Y el otro tipo me avisó, no quería que eso ocurriera. Puede que incluso fuera un ángel.
Dijo que te mataría si ese cabrón usaba tu sangre. ¿Qué ángel diría eso?
Puede que ese conjuro me hubiera mancillado, me contaminara con influencias diabólicas. Puede que vendiera mi alma a cambio de juventud eterna y para mantenerla tuviera que hacer esas cosas, meter demonios en personas normales. Ese ángel me habría matado para enviar pura a Dios la mayor parte posible de mi alma.
David se levanta del asiento cuando llega su parada y sale por la puerta, mucho más tranquilo. Parece que hay fuerzas benignas en el universo, después de todo. Al salir junto a tantos otros jóvenes en la estación del campus se siente de nuevo confiado en el mundo, quizá más ahora que piensa que hay cierto sentido en todo.David se levanta del asiento cuando llega su parada, no demasiado convencido por el pensamiento. Nunca ha sido muy creyente, y teniendo Dios a tantos de los suyos a los que ayudar, ¿por qué iba a ayudarle a él? Se da cuenta de que el chico que escribía en su cuaderno mientras le miraba se ha levantado también. Se fuerza a pensar que puede ser otro alumno, pero le mantiene en su radio de visión, sólo por si acaso.
Las clases se suceden igual que siempre, algunas con tedio y otras con interés. En los descansos David habla con sus compañeros, ayudando a aclarar dudas cuando puede. A fin de cuentas, si hay alguien cuidando de él, él puede tratar de merecerlo ayudando a otros. El día pasa, come con algunos amigos y pasa algunas horas en el laboratorio, enfrascado en una práctica.Las clases se suceden igual que siempre, algunas con tedio y otras con interés. En los descansos David habla con sus compañeros, le preguntan dudas, pero él sólo atiende a medias cuando se da cuenta de que el chico del cuaderno está apoyado en una pared, haciéndose el distraído. En el siguiente descanso ya no está, pero se fija en otro chico grande y rapado, con pinta de ser del equipo de rugby. Come con algunos amigos y pasa algunas horas en el laboratorio, intentando sin éxito distraerse con una práctica.
Finalmente se rinde y, cogiendo su mochila, sale del edificio. Durante un instante tiene una sensación rara, pero es sólo un instante y ya está caminando en dirección al metro. Se le hace de noche con mucha frecuencia, pero como disfruta con lo que hace, no le parece algo malo. Muchas veces, cuando habla con viejos compañeros que ya están trabajando, piensa que va a echar de menos esta vida cuando acabe. Piensa en su rutina de clases, laboratorio y artes marciales tres veces por semana, dos horas por vez. La disciplina mental, emocional, y el conocimiento del propio cuerpo son sensaciones fantásticas. Últimamente incluso su padre, que es policía, encuentra utilidad en los conocimientos que David adquiere en esas clases.
Afloja el paso, disfrutando de la sensación del aire fresco de la tarde y la cómoda vida de estudiante. Se aparta a un lado de un edificio, para no estar en medio de la acera, y se apoya en la pared, observando el cielo y respirando con paz.
Finalmente se rinde y, cogiendo su mochila, sale del edificio. Durante un instante ve juntos al chico del cuaderno y al jugador de rugby, pero aparta los ojos con rapidez y disimula. Empieza a caminar en dirección al metro con la atención puesta en los dos jóvenes, que caminan tras él. Planea su movimiento, lleva una mano a la chaqueta y coge un bolígrafo metálico. Los palmstick, cortos tubos metálicos, fáciles de llevar en la mano y diseñado para golpear puntos de presión y zonas de hueso con su punta son ilegales, pero se puede conseguir prácticamente el mismo efecto con un bolígrafo metálico.
Afloja el paso, con el oído atento al paso de los que le siguen, y ocultando la mano armada en el bolsillo, toma una decisión. Se aparta a un lado de un edificio para no estar a la vista y se apoya en la pared, relajando su respiración y notando la elasticidad en el cuerpo.
Los dos jóvenes están a punto de pasar de largo, pero el del cuaderno se da cuenta de la presencia de David y le da un toque a su compañero. David aprovecha para mirares con más atención. El que escribía es apenas más bajo que David, pelo negro y corto, ropa vaquera y camiseta caqui, zapatillas de deporte. El que parece un jugador de rugby es una cabeza más alto, los músculos del torso se marcan bajo su camiseta blanca y lleva su ropa vaquera aclarada a base de lavados y deshilachada a base de uso.Los dos jóvenes están a punto de pasar de largo, pero Cuaderno se da cuenta de la presencia de David y le da un toque a Rugby para avisarle. David aprovecha para mirares con más atención. Cuaderno es apenas más bajo que David, pelo negro y corto, ropa vaquera y camiseta caqui, zapatillas de deporte. Rugby es una cabeza más alto, los músculos del torso se marcan bajo su camiseta blanca y lleva su ropa vaquera aclarada a base de lavados y deshilachada a base de uso.

- Oye, ¿Puedes echarnos una mano? Necesitamos que nos acompañes - dice el bajo
- ¿A dónde?
- Hay una persona que quiere verte. ¿Puedes hacernos el favor?
- No. -
David no sabe porqué ha sido tan cortante, aunque tiene una sensación extraña. - No os conozco, ¿iríais vosotros con unos desconocidos a un sitio que no sabéis cuál es a ver a alguien a quien no conocéis? - dice, tratando de suavizarlo.
El bajo mira a el alto de arriba abajo, como sorprendido de verle allí, y luego mira a David.
- ¿No? - pregunta, incrédulo. El alto pone una mano en el hombro de David y se acerca, vagamente amenazante.
responde David. Normalmente una persona no mantiene la alerta contra un posible ataque cuando mantiene una conversación, pero en realidad es cuestión de entrenar hasta que desconectas lo físico de las palabras.
Cuaderno mira a Rugby de arriba abajo, como sorprendido de verle allí, y luego mira a David.
- ¿No? - pregunta, incrédulo. Rugby pone una mano en el hombro de David y se acerca amenazante.

- Vas a venir. Y más te vale que sea por las buenas.

David esboza una sonrisa. - Tranquilo, - dice, sacando las manos de los bolsillos, - no hace falta ponerse así. - el bolígrafo en la mano derecha - Mira - dice a Cuaderno, y empieza a encadenar a toda velocidad: el boli un golpe a las costillas de Rugby, la otra mano libera el hombro, boli al cuello en uppercut, sien izquierda en gancho, salta al otro lado de Cuaderno, bloquea el brazo de ese lado, la mano derecha a la cara, la cadera como apoyo y lo lanza contra el suelo casi como en un irimi nage de aikido. Rugby sige en pie y se lanza contra David, pero tiene que saltar sobre Cuaderno, David está en diagonal, bloquea su brazo y lanza todo su peso en una patada a su rodilla. De frente podría haber aguantado, pero no en diagonal y los tendones ceden. Rugby cae, Cuaderno está encogido sujetándose la cabeza. Debería matarles.

David llega al metro casi asfixiado de correr, no sabe por qué no le han perseguido, quizá para no llamar la atención. Apremia a los tornos mientras aceptan el billete desesperantemente lentos. Cuando llega al metro aún no ha recuperado el ritmo de respiración, prácticamente se derrumba en uno de los asientos. Parece que aquel satanista no actuaba solo.


David sonríe.