El amargor del café nunca ha sido de mi agrado, pero lo cierto es que una vez que te acostumbras no está tan mal. Por supuesto que puedo echarle azúcar, pero entonces noto los dos sabores separados, como oler el sudor bajo los restos de un desodorante: intenta camuflarlo, pero no es algo que pueda hacerse con tanta facilidad. Así que lo tomo sin azúcar. Además, no lo tomo por el sabor, sino por la cafeína. Dicen que el café lo descubrió un pastor, viendo la reacción que tenían sus cabras al comerse ciertas plantas. A veces me pregunto si descubrirían la coca del mismo modo. En cualquier caso, cuando sientes ese sueño insistente y levemente irritado, como una bolsa de arena en la base del cráneo, es una suerte lo de ese pastor y sus cabras.
Entonces veo un brazo desconocido que se alarga hacia mi mechero, sobre la barra del bar, y miro a su dueño a medias extrañado e irritado.
- Déjame fuego, amigo – dice, mientras lo coge. Un tipo nomal, parece. Pantalones normales, un pocolo, las gafas de sol sobre la cabeza... Su cara, aparte de parecer un poco achispada, con el humor calmo y pausado de un proo, no habla de agresividad ni de peligro. Pone una mano en mi hombro y pregunta
- ¿Dónde has dejado la guitarra? -
Parpadeo, sin saber bien qué decir. Me estará confundiendo con otro.
- ¿Qué guitarra? – le digo.
- ¿No tocas la guitarra? – Respondo con un gesto negativo.
- Pues deberías – dice. – Tienes buenos tendones, buenos dedos, y corazón. Tienes que sacar lo bueno que hay en tu corazón y la música es la mejor forma. –
“A estas alturas me voy a poner yo a tocar la guitarra” pienso, pero él ya tiene la cuerda que necesitaba y sigue hablando sin necesidad de que yo diga nada.
- Nunca es tarde – continúa. – Nunca es tarde para empezar. Yo empecé con 39 años, ahora tengo 49, casi 50 – remarca con un gesto de la mano, como diciendo una edad desproporcionada – pero es de lo más... – frota sus dedos, mirando al vacío, como buscando la palabra adecuada en la neblina que seguro llena su cabeza - ...satisfactorio. – Me mida como para asegurarse de haber usado la palabra adecuada - ¿Sabes? Porque expresar lo que tienes en el corazón... –
- Yo tengo un don, – sigue – puedo ver el corazón de la gente antes incluso de hablar con ellos. Por eso sé que tienes un corazón enorme. Y ese corazón necesita expresarse, amigo. –
- Bueno, - digo, más por no hacerle sentir que habla con una pared que porque realmente crea algo de lo que dice.
- Ya te lo digo yo – me interrumpe – coge esa guitarra de tu casa, la que tenías cuando eras pequeño, y vuelve a tocarla. –
- Siempre he pensado que la música es más un don. Algunos nacen con él y otros no. –
- Un músico se hace, no nace. Bueno, también es un don, pero ¿tienes manos? ¿tienes corazón? ¿tienes oído? – enarco una ceja y añade – un poco sólo, ¿verdad? pero el suficiente. Pues es todo lo que necesitas. – de nuevo la mano en el hombro – Hazme caso, mi amigo. Nunca es tarde para empezar. Y es algo que harás con gusto, porque ese corazón te agradecerá que lo expreses. – Levanta un dedo, mirándome desde debajo de las cejas con sus ojos redondos y brillantes, remarcando sus palabras – Hazme caso – termina – ya lo verás. - y se aleja mientras busco algunas monedas para pagar e irme.
...
Por la noche, sentado en mi silla, mi vista pasa del videojuego a la guitarra en lo alto de la estantería. No es mía, ni de cuando era pequeño, sino de mi padre. Un regalo de recién casados que le hizo mi madre. Durante un tiempo intentó aprender a tocar, pero lo acabó dejando. Lleva años en la funda. La última vez que la sacamos era para enseñársela a un amigo aficionado que nos dijo que era una guitarra bastante buena, pero que teníamos que haberla guardado con las cuerdas sueltas, que se habían estropeado por estar siempre en tensión. “Nunca es tarde, ¿eh?”
Me levanto para cogerla.
Nunca es tarde para soñar.
Un poco, de vez en cuando
2 comentarios:
... me ha gustado mucho tu hitoria...la ha leído Angel?
Aún no, pero ahora se la enseñaré.
Por cierto, ¿quién eres :D?
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