Sus ojos nublados
no ven lo que tiene en las manos,
pero ve lo que tendrá.
Tapices de reinas y reyes,
telas de sueños sin despertar,
bordados de islas perdidas, ocultas o desaparecidas
donde héroes muertos aguardan que se les vuelva a necesitar.
Setanta, el sabueso pelirrojo de la Isla Esmeralda,
durmiendo con Gae Bolga, compañera de batalla.
Nuada, rey de los Tuatha Dé Danann,
su brazo de carne recuperado,
a la izquierda su brazo de plata,
su esposa al otro lado.
Lugh, sirviente de Nuada,
carpintero, herrero, guerrero y mago,
padre de Setanta,
descansa con su largo brazo.
El caldero de Dagda hierve entre los hilos
y la lana forma cuerpos que se vuelven a levantar.
Un caldero, un grial,
escondidos en historias, en leyendas,
escondidos en el telar.
Teje, teje, teje.
Tus ojos nublados
no ven lo que tienes en las manos,
pero ven lo que tendrás.
Vemos el camino que pisamos,
pero en un bosque, entre colinas, en un valle...
¿hasta dónde podemos mirar?
Y al salir del bosque y ver las colinas,
y al subir las colinas y ver las montañas,
y al subir las montañas y ver el mar...
¿Hasta dónde podemos mirar?
¿Cuánto nos preguntamos por lo que hay más allá?
Dime, tejedora, ¿Qué hay que pagar
para ver el futuro, las consecuencias de nuestros actos, las piedras del camino?
¿Para ver, antes de que lleguen, las cosas que vendrán?
Tejedora, ¿no me vas a contestar?
Tejo, tejo, tejo.
Mis ojos nublados
no ven lo que tienen mis manos,
pero ven lo que tendrán.
El caldero de Dagda hierve entre los hilos
y la lana forma cuerpos que se vuelven a levantar.
Un caldero, un grial,
escondidos en historias, en leyendas,
escondidos en el telar.
Teje, teje, teje.
Tus ojos nublados
no ven lo que tienes en las manos,
pero ven lo que tendrás.
Vemos el camino que pisamos,
pero en un bosque, entre colinas, en un valle...
¿hasta dónde podemos mirar?
Y al salir del bosque y ver las colinas,
y al subir las colinas y ver las montañas,
y al subir las montañas y ver el mar...
¿Hasta dónde podemos mirar?
¿Cuánto nos preguntamos por lo que hay más allá?
Dime, tejedora, ¿Qué hay que pagar
para ver el futuro, las consecuencias de nuestros actos, las piedras del camino?
¿Para ver, antes de que lleguen, las cosas que vendrán?
Tejedora, ¿no me vas a contestar?
Tejo, tejo, tejo.
Mis ojos nublados
no ven lo que tienen mis manos,
pero ven lo que tendrán.
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