Kokoro no tori
- ¿Por qué no me dejas salir?
Hay un timbre de pena en la voz del pájaro.
- Porque es mejor que haya más visibilidad, más calma, que tengas más tiempo para reaccionar, Kokoro.
- Pero ya estoy bien, ya muevo las alas de nuevo
- Tampoco las mueves como antes. Ni siquiera vuelas con la misma seguridad en tu jaula, ¿cómo voy a pensar que lo vas a hacer al aire libre?
- ¿Pero entonces qué vas a hacer? ¿Enyesarme las alas de nuevo?
- Estaban rotas, ¿qué querías que hiciera? Volaste demasiado rápido, si hubieras ido más despacio, si hubieras tenido más calma, creo que podrías haber esquivado aquella pared y no habrías tenido que pasar estos meses así. Ni el yeso, ni la jaula. Podrías haber estado volando.
- Lo dices como si fuera culpa mía. - dice, con enfado
- No digo que tuvieras la culpa. Era una reacción normal. Llevabas tiempo sin volar, tenías muchas ganas, yo estaba distraído... no te estoy culpando. Sólo digo que para la próxima vez, para esta vez, será mejor llevar cuidado.
- Pues búscame una armadura, a ver si así no me rompo nada. - contesta, con un bufido
- Más que una armadura, creo que necesitas una correa, o una tila y a ver si te calmas.
Se miran los dos, el pájaro con enfado, el humano con comprensión pero también preocupación. Sus labios insinúan una sonrisa y un momento después ambos ríen, poniendo los ojos en blanco por su propia cabezonería.
- De todos modos con una armadura no podrías levantar el vuelo, Kokoro.
- De acuerdo, iré despacio.
Ambos giran y miran por la ventana. El pájaro se imagina volando en cielo abierto de nuevo, la sensación de libertad, de felicidad. El humano también se lo imagina, tratando de controlar su preocupación y disfrutar de la belleza en las imágenes que imagina.
Hay un timbre de pena en la voz del pájaro.
- Porque es mejor que haya más visibilidad, más calma, que tengas más tiempo para reaccionar, Kokoro.
- Pero ya estoy bien, ya muevo las alas de nuevo
- Tampoco las mueves como antes. Ni siquiera vuelas con la misma seguridad en tu jaula, ¿cómo voy a pensar que lo vas a hacer al aire libre?
- ¿Pero entonces qué vas a hacer? ¿Enyesarme las alas de nuevo?
- Estaban rotas, ¿qué querías que hiciera? Volaste demasiado rápido, si hubieras ido más despacio, si hubieras tenido más calma, creo que podrías haber esquivado aquella pared y no habrías tenido que pasar estos meses así. Ni el yeso, ni la jaula. Podrías haber estado volando.
- Lo dices como si fuera culpa mía. - dice, con enfado
- No digo que tuvieras la culpa. Era una reacción normal. Llevabas tiempo sin volar, tenías muchas ganas, yo estaba distraído... no te estoy culpando. Sólo digo que para la próxima vez, para esta vez, será mejor llevar cuidado.
- Pues búscame una armadura, a ver si así no me rompo nada. - contesta, con un bufido
- Más que una armadura, creo que necesitas una correa, o una tila y a ver si te calmas.
Se miran los dos, el pájaro con enfado, el humano con comprensión pero también preocupación. Sus labios insinúan una sonrisa y un momento después ambos ríen, poniendo los ojos en blanco por su propia cabezonería.
- De todos modos con una armadura no podrías levantar el vuelo, Kokoro.
- De acuerdo, iré despacio.
Ambos giran y miran por la ventana. El pájaro se imagina volando en cielo abierto de nuevo, la sensación de libertad, de felicidad. El humano también se lo imagina, tratando de controlar su preocupación y disfrutar de la belleza en las imágenes que imagina.
1 comentarios:
bue n cuent o
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