Un chico y una chica caminan por el parque.
Así dicho lo primero que podíamos pensar es que hay algún tipo de relación entre ellos, o que les gustaría, pero es sólo amistad. La amistad de coincidir en algunas cosas y caerse bien mutuamente. Al menos entre esta chica y este chico.
- ¿Te importa si te cojo del brazo? - Pregunta la chica. El chico la mira, como pensando, pero sólo sonríe y responde con un guiño
- Adelante, pero a lo mejor me pongo un poco tontorrón -
Siguen caminando así, charlando a ratos, a ratos disfrutando del aire del parque. Deciden sentarse un poco en una zona de césped limpio y a la sombra, todo un lujo con el sol eufórico de esta tarde. El chico se fija en un quiosco cercano y tras preguntar a la chica, se acerca y compra dos helados mientras ella cierra un poco la falda de su vestido para sentarse con comodidad.
Conversan mientras disfrutan del sabor dulce y en absoluto culpable de ceder un poco a la pereza, y entonces el chico se inclina sobre el rostro de la chica y la besa. El sabor de la crema del helado se mezcla en sus labios con la sensación de paz, con el sonido de la brisa soplando entre la hierba, el frescor perezoso del aire que se desliza como una nutria dejándose llevar
medio dormida por la corriente...
- Eso no va a pasar, tío. No te dejes liar otra vez por Esperanza, que luego te enredas tú solo. - El que habla es un chico que deja de ser joven, pelo negro, ojos alerta, labios claros. La chica a la que se refiere tiene piel clara y pelo color miel, y ojos marrones y grandes que parecen enfocar a medias a la persona a la que miran, y a medias a algo más allá. Ella vuelve la cabeza y luego la agacha, con el gesto culpable de una niña que se ha vuelto a despistar y ha olvidado cómo debería comportarse.
- Tranquilo - dice el chico con el que hablaban. - Ya no me creo esas historias. Aunque es cierto que son bonitas, y que estarían bien, ¿no? -
El chico moreno aprieta los labios, no queriendo admitirlo, pero asintiendo al retirar la mirada. Siguen caminando. El chico que ha mediado entre ellos delante, junto a su amiga, que está limpiándose algo del vestido. El chico moreno y la chica del pelo miel detrás.
El chico moreno mira de reojo la mano de Esperanza, pero no la coje. Esperanza mira hacia atrás a una pareja que se besa, helados olvidados a medias en sus manos, pero sigue caminando y agacha la cabeza.
El chico y la chica siguen caminando por el parque.
Podríamos haber pensado que hay algún tipo de relación entre ellos, o que les gustaría, pero es sólo amistad. La amistad de coincidir en algunas cosas y caerse bien mutuamente. Al menos entre esta chica y este chico.
Así dicho lo primero que podíamos pensar es que hay algún tipo de relación entre ellos, o que les gustaría, pero es sólo amistad. La amistad de coincidir en algunas cosas y caerse bien mutuamente. Al menos entre esta chica y este chico.
- ¿Te importa si te cojo del brazo? - Pregunta la chica. El chico la mira, como pensando, pero sólo sonríe y responde con un guiño
- Adelante, pero a lo mejor me pongo un poco tontorrón -
Siguen caminando así, charlando a ratos, a ratos disfrutando del aire del parque. Deciden sentarse un poco en una zona de césped limpio y a la sombra, todo un lujo con el sol eufórico de esta tarde. El chico se fija en un quiosco cercano y tras preguntar a la chica, se acerca y compra dos helados mientras ella cierra un poco la falda de su vestido para sentarse con comodidad.
Conversan mientras disfrutan del sabor dulce y en absoluto culpable de ceder un poco a la pereza, y entonces el chico se inclina sobre el rostro de la chica y la besa. El sabor de la crema del helado se mezcla en sus labios con la sensación de paz, con el sonido de la brisa soplando entre la hierba, el frescor perezoso del aire que se desliza como una nutria dejándose llevar
medio dormida por la corriente...
- Eso no va a pasar, tío. No te dejes liar otra vez por Esperanza, que luego te enredas tú solo. - El que habla es un chico que deja de ser joven, pelo negro, ojos alerta, labios claros. La chica a la que se refiere tiene piel clara y pelo color miel, y ojos marrones y grandes que parecen enfocar a medias a la persona a la que miran, y a medias a algo más allá. Ella vuelve la cabeza y luego la agacha, con el gesto culpable de una niña que se ha vuelto a despistar y ha olvidado cómo debería comportarse.
- Tranquilo - dice el chico con el que hablaban. - Ya no me creo esas historias. Aunque es cierto que son bonitas, y que estarían bien, ¿no? -
El chico moreno aprieta los labios, no queriendo admitirlo, pero asintiendo al retirar la mirada. Siguen caminando. El chico que ha mediado entre ellos delante, junto a su amiga, que está limpiándose algo del vestido. El chico moreno y la chica del pelo miel detrás.
El chico moreno mira de reojo la mano de Esperanza, pero no la coje. Esperanza mira hacia atrás a una pareja que se besa, helados olvidados a medias en sus manos, pero sigue caminando y agacha la cabeza.
El chico y la chica siguen caminando por el parque.
Podríamos haber pensado que hay algún tipo de relación entre ellos, o que les gustaría, pero es sólo amistad. La amistad de coincidir en algunas cosas y caerse bien mutuamente. Al menos entre esta chica y este chico.
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