viernes 28 de agosto de 2009

De lo que se hacen los sueños, de lo que se hacen historias

... y caminar simplemente en contacto, mi mano en su cintura, sintiendo el tacto firme de su cuerpo bajo su camiseta, mi cintura notando su brazo en ella. El calor en su aliento cuando nos besamos...

... Tampoco esperabas ser el único ¿no? Sólo nos hemos visto unas pocas veces...

... y sentados frente a un acantilado, su espalda apoyada en mi pecho, mis manos alrededor de su cuerpo, sus brazos en mis piernas, el viento llevando el olor de su pelo a mi nariz y el frío besando nuestras mejillas juntas...

... ¡Oh, Vamos! ¿Qué esperabas?...

... Esta sensación de paz, su cuerpo dormido sobre el mío, la sensación en la punta de mis dedos acariciando suavemente su espalda, la línea de su columna, su piel suave...

... Yo también lo veo así. Sólo somos dos personas, nos llevamos bien, nos va bien en la cama. Dejemos tiempo al tiempo, a otras oportunidades, a otras personas...

... La sensación de calor, de energía entretejida sobre la piel, las respiraciones profundas y rápidas, como si no hubiera bastante aire, el aliento en nuestras bocas, mis manos sujetando sus muslos, las suyas en mi cuello, mis labios bajo la línea de su mandíbula mientras sus ojos se cierran...

... Una mano en su cintura, con la confianza de quien no ve rechazados sus besos. Sólo que la mano no es la mía. Momentos después, alejados de esa mano, un susurro "¿Haces algo la semana que viene?"...

Es tan irónico un doble filo, tan poéticamente adecuado, que ¿cómo puedo quejarme de que la imaginación que tanto me da tanto me quite? Pero no parece justo que la misma capacidad que hace tan hermosa la espera un momento la amargue al siguiente.
Casi puedo oír a Jarret: "¿Justo? No sé de dónde has sacado tu idea de la justicia..."