- ¿Quieres saber la verdad? - pregunta el hombre. Es un hombre de cierto atractivo, pero su sonrisa es demasiado afilada como para ser realmente bonita, y sus ojos demasiado fijos como para sacar de tu mente la idea de un depredador.
- Te contaré una parte. En realidad el diablo no es enemigo de dios, como nos han querido hacer creer. Es todo parte del juego, del decidir quién es lo bastante bueno y quién es lo bastante malo. Dios es el jefe del experimento, por supuesto, y el diablo sólo es un ayudante. Dios pone el tablero, cosas agradables, cosas desagradables, y pone unos requisitos para poder considerarte merecedor de ir al cielo. El diablo está ahí para señalar las partes buenas, lo fácil que es disfrutar, dejarse llevar por el ahora y no pensar en lo que habrá después de la muerte. A fin de cuentas, nadie está seguro de lo que pasa después de morir, así que, ¿por qué sacrificarse toda tu vida, que sabes que es real, por una supuesta recompensa de la que ni siquiera puedes estar seguro?
En realidad, a los monjes, especialmente a los de clausura, es a quien Dios tiene en menor estima. No tiene mérito luchar contra una tentación inexistente, después de todo. Lo que cuenta es la gente que está en la vida, en el día a día, rodeados de tentaciones y de oportunidades de ceder a ellas, y aún así resisten. Esos son los que tienen mérito.
De todos modos, tampoco es seguro qué es lo que ocurrirá una vez que decidan dar su experimento por terminado. Al fin y al cabo, ¿qué obtienen las cobayas cuando se acaban los experimentos que hacen con ellas? No las dejan libres...
Sólo esperan el siguiente experimento.-
miércoles 27 de mayo de 2009
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