La energía de esta furia - no furia, pasión - me llena, me desborda. Siento cómo fluye alrededor de mi corazón mientras trato de retenerla dentro y conseguir que no se note en el exterior. Sonrío, noto una dentadura afilada y una sonrisa amplia, noto el sabor del aire y mis manos se curvan y se abren hacia el frente.
"Venga, vida. Ven aquí." Abrazar esta energía, esta fuerza, y hacerla mía.
"¡Soy mi propio rey! ¡Soy mi propio dios!" Las lágrimas vertidas en el pasado nunca más volverán a ser, las lágrimas vertidas en el futuro serán lágrimas sin pesar, no dejarán marcas en la piel ni sombras en los ojos, no dejarán marcas en el corazón. A veces conseguiré lo que quiera, a veces no, pero ya no me sentiré derrotado.
Noto cuchillas fluyendo en mis palmas, energía dorada y negra, un baile de sombras y sangre, y figuras cayendo que destruyen todo recuerdo, almas desvaneciéndose en el vacío.
Energía que sana, palmas que se posan en la frentes, las nucas, las manos de aquellos que amo, la energía pulsando con un ritmo potente y primario, tribal, el sol de África iluminado el rostro de un orgulloso león, quieto como una estatua, ojos verdes mirándome, ni siquiera el viento se atreve a enmarañar su melena, pero nos miramos de igual a igual. Me acuclillo sobre las plantas de mis pies mientras ambos nos miramos a los ojos, los labios apenas curvados en una sonrisa, sabiendo en mi corazón que somos dos iguales, sin miedo de opresión, sin deseo de oprimir.
Floto en el aire, oyendo la música que mueve mi sangre a través de mi carne, respiro profundamente, sintiendo la vida que fluye en este planeta, sin miedo a la muerte aunque sujeto por ella, sin más remordimientos. Nunca más remordimientos.
He aceptado, he cambiado, sigo cambiando, liberado de las voluntades que me domesticaron, separado ya de ellos por el simple poder de la propia decisión, la propia voluntad.
"¡Soy mi propio rey! ¡Soy mi propio dios!"
viernes, 24 de abril de 2009
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