martes, 28 de abril de 2009

Adiós

"Adiós, abuela" pienso en mi cabeza. Ella está junto a mí, su mano entre las mías. Alrededor nuestro están sus dos hijos. Va a morir en su casa, como ella quería, fuera de hospitales. Las tierras de alrededor, por las que tantas veces paseó, en las que tantas veces trabajó para que siguieran dando fruto, siguen ahí. Quizá no sepan que ella ya no va a verlos. Quizá no les importe.
Pero aquí estoy, dándole la mano a mi abuela en su lecho de muerte. Ella ya no puede hablar, y la fuerza que tiene en el cuerpo no le da más que para ejercer una leve presión en lugar de un apretón de manos, pero sé que se está despidiendo. No puede hablar, no puede levantarse, es la única forma que tiene, y es la que usa. Sin lágrimas, sin quejas ni sollozos. Pero le duele. Se ve detrás de sus ojos. Sabe que ya está muerta desde hace días, que esto sólo es un trámite, como un papeleo, y lleva semanas deseando que se acabe. Imagino en mi cabeza su corazón, un camino desde mi nuca, desde mi cerebro por mi brazo, por nuestras manos unidas, por su brazo... hasta su corazón. Trato de visualizarlo. Trato de localizar sus latidos y visualizarlos en mi mente, el movimiento, la sangre siendo impulsada. Trato de enviarle un mensaje. "Tranquila. Es hora de descansar." Visualizo en mi mente su sangre, cada vez menos oxigenada, llevándola hacia el sueño. Visualizo su corazón, latiendo cada vez más despacio, impulsando cada vez menos sangre, poco a poco, adormeciendo su cuerpo, su respiración, sus latidos. Lo imagino deteniéndose.

...

Por la noche, mientras estoy viendo la tele con mi padre, suena su teléfono.
- Vale. Mañana vamos, entonces...Sí, hasta mañana. - dice. Luego cuelga y me mira.
- La abuela ha muerto. -
Mi piel parece helarse. El frío encuentra un camino hacia mi boca, entra por mi garganta y baja hasta mis pulmones y mi corazón. Obviamente no ha podido tener nada que ver, pero ha muerto. Cuando mi padre cuelga, le pregunto.
- ¿Cómo ha sido? -
- Mi hermano ha entrado en la habitación, le ha parecido que no respiraba, y resulta que sí, pero casi. Ha ido respirando cada vez más despacio hasta que se ha muerto. Así quiero morirme yo también, sin dolor. Ya bastante ha pasado ella. -
Callo y bajo la vista, dejando que mis pensamientos y sus palabras vaguen por mi cabeza.