Abro los ojos con dificultad. El mundo parece negro a mi alrededor, pero es un engaño de mi mente. La luna se alza alta y brillante en el cielo, y aunque las ramas de los árboles traten de suavizar su luz, un tono blanco y plateado tiñe desde sus hojas hasta la hierba al lado de sus troncos. Es una luz difusa, quizá por la neblina que se arrastra perezosa por la orilla. Noto la humedad en mi nariz al respirar. Me siento, y veo el vaho salir de mi boca con cada expiración. Cruzo las piernas y miro a mi derecha mientras froto mi nuca para ayudar a despejarme. Es curioso cómo uno puede ser consciente a veces incluso de movimientos que el cuerpo hace sólo, como en piloto automático. Me pregunto si frotarse la nuca ayudará realmente a despejarse cuando oigo el sonido pausado de alguien caminando sobre la hierba, a mi espalda. Giro la cabeza para ver quien es, pero es difícil distinguir sólo con esta luz. La luna y la humedad que sube del río parecen formar una delgada aura blanca a su alrededor mientras se acerca. Después, al pasar bajo las tenues sombras de los árboles, quien podría haber pasado por una aparición fantasmal vuelve a ser sólo una chica. Pero una chica que no esperaba encontrar aquí. Me pregunto porqué...
- Pensé que estarías aquí - dice, interrumpiendo la pregunta en mi cabeza, que se arremolina y disuelve como un jirón de niebla al pasar uno por su lado. Dobla las piernas, abrazándolas, bajando a mi altura.
- Pues sí, supongo. Quiero decir, sí, estoy aquí. Me he quedado dormido. -
- ¿Has tenido un buen sueño? -
- Bueno, he tenido un sueño extraño, con hadas, aunque de tamaño humano. Como si las hadas no fueran más que otras personas compartiendo nuestro mundo, más allá de nuestra vista aunque estén al alcance de la mano... En fin, un sueño raro, pero agradable. Aunque me sentía como si estuviera mirando el sueño de otro... ¿Qué tal tú? No pensaba que fuera a verte aparecer por aquí... -
- Yo tampoco. Estaba pensando en algunas cosas que me pasaron hace un par de día y que me tenían algo... ácida. Pero resulta que me he encontrado contigo por ahí abajo, y me ha hecho pensar. Y se me ha ocurrido que estarías aquí arriba. Así que he decidido acercarme. -
- Entiendo. He discutido. En realidad no sé si decir "hemos" o "he", pero el caso es que ha habido una discusión. Y entonces me he ido. Al principio no sabía qué hacer, tampoco lo sé muy bien ahora, pero me he sentado y al final me he quedado dormido. Pero basta de esto, ¿qué es eso que te ha pasado? -
- Ya te contaré. Aún lo tengo en el tintero. ¿Piensas quedarte aquí? -
Inspiro profundamente mientras miro a mi alrededor y pienso una respuesta.
- ¿Qué quieres que te diga? No sé. Este sitio no está mal. Es tranquilo. -
- Pero el río sigue avanzando, y cada vez está más lejos. Si sigue así, quizá se olvide incluso de ti, aquí, sentado a su nacimiento. -
- Bueno, los ríos están hechos para avanzar. -
- Y las personas para caminar. -
La miro a los ojos, levemente brillantes. Quizá por el brillo reflejado del agua o algo así. Luna reflejada en agua, reflejada en sus ojos... Parece un largo camino. Mi boca se tuerce en media sonrisa, mientras vuelvo a mirar los árboles de la otra orilla, y luego vuelvo a mirarla a ella, que se está levantando y mira río abajo.
- ¿Vamos? - pregunta, ofreciéndome la mano.
La tomo y me pongo en pie. Miro su cara. Alzo la vista hacia la luna y echo un último vistazo alrededor. Encojo los hombros para sacudirme un escalofrío. Vuelvo a mirarla. Está sonriendo. Noto mis labios sonriendo a su vez. Con una mezcla de alegría, y de orgullo por poder contar con una amiga como esta.
- La verdad es que empieza a hacer frío... Sí, vamos. -
Caminamos río abajo, un poco alejados de la orilla, donde hay menos árboles y más luz. La luna proyecta nuestras sombras frente a nosotros, pero el suelo no es malo, y el caminar es fácil.
- Marta... -
- Dime -
- Gracias por venir. -
Noto que está sonriendo cuando responde.
- De nada. -
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada