Ni siquiera sé su nombre, sólo tengo una cierta idea de donde viene. Supongo que muchos dirían que tiene una cara extraña, aunque bonita. Sin embargo, veo lo que hay detrás. Sus ojos, grandes y quizá azul oscuro, quizá negros, brillan divertidos mientras sonríe con su boca pequeña, con sus labios flexibles y alegres. Su pelo negro cae liso hasta rozar sus hombros, cubiertos por una camiseta azul marino. Mis manos sujetan sus brazos y aunque parecen de otro mundo al verse sobre su piel, no parece molestarle.
Es como si todo le hiciera gracia, como si todo le divirtiera. No por reírse de algo, no usando la risa para expresar desprecio, sino pura diversión. Tan carente de moral como de maldad. Risa pura de alegría.
- Necesito ir allí - le digo.
- Los besos son el portal. Los besos os pueden hacer cruzar la barrera y estar en nuestro mundo. -
Beso sus labios sin dudarlo, mientras ella sigue sonriendo alegre, casi riendo, como jugando. Los beso una y otra vez, húmedos, suaves y elásticos, con sabor a risa.
Y recuerdo algo que aún no ha pasado. La voz de uno de los de su mundo, preguntándome
- ¿Por qué luchas junto a nosotros? -
Es como si todo le hiciera gracia, como si todo le divirtiera. No por reírse de algo, no usando la risa para expresar desprecio, sino pura diversión. Tan carente de moral como de maldad. Risa pura de alegría.
- Necesito ir allí - le digo.
- Los besos son el portal. Los besos os pueden hacer cruzar la barrera y estar en nuestro mundo. -
Beso sus labios sin dudarlo, mientras ella sigue sonriendo alegre, casi riendo, como jugando. Los beso una y otra vez, húmedos, suaves y elásticos, con sabor a risa.
Y recuerdo algo que aún no ha pasado. La voz de uno de los de su mundo, preguntándome
- ¿Por qué luchas junto a nosotros? -
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada