La sensación de la hierba rozando la piel no deja de ser agradable, pero empieza a hacer frío aquí. El sol del atardecer lo deja todo en una penumbra de luz anaranajada, tiñendo los troncos blancos de los árboles alrededor, pero sin arrojar sombras que se distingan de las propias de la noche que se acerca. El murmullo del río suena junto a mí, siempre distinto, pero siempre casi igual.
Las hojas interrumpen con el susurro del viento, sus roces entre sí. Los pájaros han dejado de cantar, al menos aquí cerca, y, si no el cansancio, el sueño sí se va acercando poco a poco, con el mismo ritmo lento y continuo de la noche, sin pasos pero con un fluir gradual, avanzando dispuesto a tragarlo todo en su abrazo algodonoso.
Los árboles se han vuelto rojizos ahora, es una imagen magnífica en su paz y en la paz que transmite. Viendo esto, ¿cómo podría pensarse que algo importa? ¿cómo podría pensarse en el pasado o el futuro, y preocuparse por él?
Trato de recordar el sonido apagado de sus pisadas sobre la hierba, cuando se alejaba de mí, abandonándome. Harto de que fuera yo quien guiara el camino. Harto de que le guiara por donde, de siempre, se ha dicho que está el buen camino. Y ahora se ha marchado a caminar por donde le lleven sus deseos, sin pararse a pensar en honrar tantas historias que leímos juntos, tantas historias con las que nos emocionábamos...
Mientras los árboles se han vuelto púrpura, me pregunto si volverán a asomarse las lágrimas a sus ojos cuando lea el reencuentro de dos amantes, cuando vea, en alguna película, una muestra de amor... Me pregunto si, sin mí a su lado, volverá algún día a creer en el romance y en soñar con aquellas historias.
Y mientras me lo pregunto, la noche, el sueño, y los árboles negros me rodean en el letargo...
Las hojas interrumpen con el susurro del viento, sus roces entre sí. Los pájaros han dejado de cantar, al menos aquí cerca, y, si no el cansancio, el sueño sí se va acercando poco a poco, con el mismo ritmo lento y continuo de la noche, sin pasos pero con un fluir gradual, avanzando dispuesto a tragarlo todo en su abrazo algodonoso.
Los árboles se han vuelto rojizos ahora, es una imagen magnífica en su paz y en la paz que transmite. Viendo esto, ¿cómo podría pensarse que algo importa? ¿cómo podría pensarse en el pasado o el futuro, y preocuparse por él?
Trato de recordar el sonido apagado de sus pisadas sobre la hierba, cuando se alejaba de mí, abandonándome. Harto de que fuera yo quien guiara el camino. Harto de que le guiara por donde, de siempre, se ha dicho que está el buen camino. Y ahora se ha marchado a caminar por donde le lleven sus deseos, sin pararse a pensar en honrar tantas historias que leímos juntos, tantas historias con las que nos emocionábamos...
Mientras los árboles se han vuelto púrpura, me pregunto si volverán a asomarse las lágrimas a sus ojos cuando lea el reencuentro de dos amantes, cuando vea, en alguna película, una muestra de amor... Me pregunto si, sin mí a su lado, volverá algún día a creer en el romance y en soñar con aquellas historias.
Y mientras me lo pregunto, la noche, el sueño, y los árboles negros me rodean en el letargo...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada