La mujer se despereza, perezosa, bajo la cubierta del futón. Abre sus ojos, negros y extraños, como los de un animal más que como los de una persona, y dirige sus ojos almendrados al hombre que hay a su lado mirándola como en un sueño, como sabiendo que existe sólo mientras está soñando y que por ello no se sorprende.
Es hora de enseñarle algo sobre la realidad.
La mujer gira, dándole la espalda mientras sale del lecho y se pone un kimono blanco sin levantarse aún. Saca su largo y liso pelo negro y lo deja caer sobre su espalda. Se pone en pie mientras cierra el kimono, aún de espaldas, y empieza a ceñirse un obi azul celeste.
- Ya era hora de que me despertaras, Will. Me pregunto hasta cuándo pensabas dejarme dormir, sin ocuparte de mí. -
Gira su cabeza, mirando al hombre por el rabillo del ojo
- Aunque supongo que las cosas ocurren cuando deben ocurrir, ¿no es así? -
El hombre abre la boca, pero parece que no sabe qué decir y vuelve a cerrarla.
- Supongo. - dice, finalmente.
- Bien, es un principio. Lo que sucede, Will, es un producto. Un resultado. Tú eres un resultado. Yo soy un resultado. Cada cosa es un resultado y también la combinación de cada cosa, que no sólo es un resultado sino que crea nuevos resultados... Así que todo sucede cuando debe suceder.-
- Entonces ¿nuestra voluntad no importa? -
- La voluntad también es un resultado. Un resultado y un factor. Aunque casi todos los resultados también son factores... -
- No creo eso. -
- No quieres creerlo. William te ha contado su visión de las cosas, pero en el fondo esa es su visión, y no la tuya. -
- Las cosas sólo pueden ser de una manera, no es cuestión de puntos de vista, sino de entender la realidad o no entenderla. -
- ¿Eso piensas? No creas que es tan sencillo, Will. Para empezar, ¿qué es la realidad? ¿Realmente lo que tú crees que es real responde a tu propia definición de realidad? Hay creencias que opinan que la realidad es sólo una ilusión, el velo de Maya, todo eso. Si la realidad es una ilusión, ¿qué hay más real? Si es una ilusión ¿por qué van a ser reales los seres humanos? Y si es una ilusión, ya que nos afecta como si fuera real, ¿importa que sea una ilusión? Todo es cuestión de puntos de vista, pero están los tuyos y los de otros. Puedes querer creer en los de los demás. Conocí a un chico que habría querido creer en dios, pero no podía. No por los problemas del mundo ni nada de eso, sino porque en su corazón no había la capacidad de fe que tienen otras personas. En el fondo sabía que no podía creer, y al fin comprendió que para poder hacerlo tendría que cerrar los ojos y olvidar lo que es estar despierto. Y ahora es tu turno, Will. Ahora eres tú quien tiene que aceptar que está despierto, aceptar que no crees lo que quieres creer, sino que te intentas engañar a ti mismo porque crees que es más bonita la visión de William que la que hay en el fondo de tu corazón.
Ahora estamos despiertos Will, tú y yo, y ya nada podrá hacernos dormir de nuevo salvo la muerte. -
- ¿Por qué tengo que creerte? -
- Esa es una buena pregunta. Tienes que creerme porque en el fondo es lo que tú mismo crees, despojado de tus ganas de creer en una realidad más acorde con tus deseos, quizá porque de ese modo esa realidad sería más... no sé, "bonita", quizá. No es que tengas que creerme, es que tienes que aceptar que me crees. Si te sirve de consuelo, puedes no querer creerme. Pero es como saber que te llamas Will y negarlo. Hasta que no lo aceptes no podrás andar tu camino, sino que andarás el de otro.
Y ahora, levántate, hay algo que debes hacer. -
lunes, 8 de diciembre de 2008
Veles
Los ojos abiertos de Will se dirigen hacia arriba en la oscuridad. Sabe que el techo está sobre él, aunque la oscuridad de la habitación no le deje verlo. Mira en la oscuridad, tumbado en la cama, los brazos cruzados tras la cabeza. Es tarde, pero no siente sueño.
Y nota su presencia.
En su mente la visualiza en un lado de la habitación. Sabe que hay una silla junto al armario, y la imagina sentada allí. Sabe que es una parte de sí mismo, que sólo es una parte de su mente, pero se siente más cómodo viéndola como algo externo, porque siempre que le habla es contra sus ilusiones, y aún quiere mantenerlas. O eso quiere creer.
- Eres muy injusto, Will. No soy tan mala. Sólo tengo más vista que tú. –
- Eso es lo que tú dices. –
- ¿Lo que yo digo? ¿Realmente crees que hiciste bien en dejarte llevar tanto? ¿En ilusionarte tan rápido? No digo que no tuvieras oportunidades, digo que las has perdido por dejarte llevar. –
- ... –
- Dicen que quien calla, otorga. Vamos, tampoco es tan malo. Te servirá para aprender, para la próxima. –
- ¿La próxima? –
- Claro. Tarde o temprano conocerás alguna otra chica, empezarás a hablar con ella y te dirá que le gustas, o te propondrá salir a algún sitio juntos, o algo, nadie suele ser tan directo precisamente porque suelen ser prudentes. Algo que a ti te falta, prudencia. Pero tranquilo, que la prudencia la aprenderás con el tiempo, con mi ayuda y con la propia vida, como ya puedes pensar. –
- ¿Prudencia? Tú no estás hablando de ser prudente, estás hablando de no fiarse, de no avanzar. –
- No. Estoy hablando de no avanzar a ciegas. Te pierden tus sueños de amor y romance. Y es posible que algún día vivas una historia de amor, no digo que no, pero no lo harás si crees que vas a vivirla. Tienes tantas ganas de tener ilusiones que no te paras a pensar si puedes permitírtelas. –
- ¿Si puedo permitírmelas? ¿Qué clase de vida puede tener alguien sin ilusiones? –
- Y dale. Sigues acusándome de querer quitarte las ilusiones. Pero dime, ¿sabes qué habría pasado si hubieras ido con más cuidado? –
- Sorpréndeme. –
- Ahora te pones irónico. Bueno, pues lo que habría pasado es que no habrías tratado de empezar una relación, te habrías callado, te habrías estado quietecito y habrías esperado para darte cuenta de que, en realidad, no le gustabas. –
- Ella me dijo que le gustaba, ¿qué esperabas que creyera yo? –
- Pues para empezar, que no creyeras. Que pensaras. ¿Que te dijo que le gustabas? ¿Y qué? También estaba en un momento vulnerable. También te dijo que pasaba de relaciones en ese momento. Ahora, si tenías alguna oportunidad de siquiera ser su amigo, la has perdido por ilusionarte con tus tonterías sobre el amor. Y a lo mejor habría sido una buena relación, pero también le has quitado esa posibilidad a ella por culpa de lo mismo: tus ganas de estar ilusionado.
Así que ahí lo tienes. Tus ganas de ilusionarte, tus “qué clase de vida se tiene sin ilusión”, han impedido que se cumplan tus ilusiones y las suyas. De aquí en adelante, por tu propio bien y por el de los demás, tienes que hacer todo lo que puedas para no querer esas ilusiones. Ve al trabajo, sal con tus amigos, cómprate una consola y unos videojuegos... lo que sea, pero no te acuestes y pienses en que echas de menos tener a alguien a tu lado. Aprende que esas ilusiones no se cumplen. –
- ¿Intentas convencerme de que no hay parejas felices? ¡Vamos! –
- Yo no he hablado de los demás, Will. Me refiero a ti. Sólo a ti. Acepta de una vez que tus ilusiones sólo sirven para que sientas que has perdido algo que no tenías. –
Will aprieta los dientes. Y sigue mirando el techo en silencio.
Y nota su presencia.
En su mente la visualiza en un lado de la habitación. Sabe que hay una silla junto al armario, y la imagina sentada allí. Sabe que es una parte de sí mismo, que sólo es una parte de su mente, pero se siente más cómodo viéndola como algo externo, porque siempre que le habla es contra sus ilusiones, y aún quiere mantenerlas. O eso quiere creer.
- Eres muy injusto, Will. No soy tan mala. Sólo tengo más vista que tú. –
- Eso es lo que tú dices. –
- ¿Lo que yo digo? ¿Realmente crees que hiciste bien en dejarte llevar tanto? ¿En ilusionarte tan rápido? No digo que no tuvieras oportunidades, digo que las has perdido por dejarte llevar. –
- ... –
- Dicen que quien calla, otorga. Vamos, tampoco es tan malo. Te servirá para aprender, para la próxima. –
- ¿La próxima? –
- Claro. Tarde o temprano conocerás alguna otra chica, empezarás a hablar con ella y te dirá que le gustas, o te propondrá salir a algún sitio juntos, o algo, nadie suele ser tan directo precisamente porque suelen ser prudentes. Algo que a ti te falta, prudencia. Pero tranquilo, que la prudencia la aprenderás con el tiempo, con mi ayuda y con la propia vida, como ya puedes pensar. –
- ¿Prudencia? Tú no estás hablando de ser prudente, estás hablando de no fiarse, de no avanzar. –
- No. Estoy hablando de no avanzar a ciegas. Te pierden tus sueños de amor y romance. Y es posible que algún día vivas una historia de amor, no digo que no, pero no lo harás si crees que vas a vivirla. Tienes tantas ganas de tener ilusiones que no te paras a pensar si puedes permitírtelas. –
- ¿Si puedo permitírmelas? ¿Qué clase de vida puede tener alguien sin ilusiones? –
- Y dale. Sigues acusándome de querer quitarte las ilusiones. Pero dime, ¿sabes qué habría pasado si hubieras ido con más cuidado? –
- Sorpréndeme. –
- Ahora te pones irónico. Bueno, pues lo que habría pasado es que no habrías tratado de empezar una relación, te habrías callado, te habrías estado quietecito y habrías esperado para darte cuenta de que, en realidad, no le gustabas. –
- Ella me dijo que le gustaba, ¿qué esperabas que creyera yo? –
- Pues para empezar, que no creyeras. Que pensaras. ¿Que te dijo que le gustabas? ¿Y qué? También estaba en un momento vulnerable. También te dijo que pasaba de relaciones en ese momento. Ahora, si tenías alguna oportunidad de siquiera ser su amigo, la has perdido por ilusionarte con tus tonterías sobre el amor. Y a lo mejor habría sido una buena relación, pero también le has quitado esa posibilidad a ella por culpa de lo mismo: tus ganas de estar ilusionado.
Así que ahí lo tienes. Tus ganas de ilusionarte, tus “qué clase de vida se tiene sin ilusión”, han impedido que se cumplan tus ilusiones y las suyas. De aquí en adelante, por tu propio bien y por el de los demás, tienes que hacer todo lo que puedas para no querer esas ilusiones. Ve al trabajo, sal con tus amigos, cómprate una consola y unos videojuegos... lo que sea, pero no te acuestes y pienses en que echas de menos tener a alguien a tu lado. Aprende que esas ilusiones no se cumplen. –
- ¿Intentas convencerme de que no hay parejas felices? ¡Vamos! –
- Yo no he hablado de los demás, Will. Me refiero a ti. Sólo a ti. Acepta de una vez que tus ilusiones sólo sirven para que sientas que has perdido algo que no tenías. –
Will aprieta los dientes. Y sigue mirando el techo en silencio.
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