- La verdad es que ha sido un viaje revelador. Parece mentira las cosas que puede cambiar el simple hecho de visitar otro país y dejar que la mente se libere de... no sé, de sus límites, en cierto modo. -
Will coge la taza de café y da un sorbo. Luego mira los ojos de la chica al otro lado de la mesa.
- Entiendo a qué te refieres – dice ella. – A mí también me ocurrió cuando fui a París. Pero sólo te das cuenta cuando vuelves a casa y piensas “¿Cómo podía no ver más allá de aquí?” -
- Sí. –
Se miran a los ojos durante unos momentos, sonriendo al saber que comparten sensaciones que no pueden entenderse sin ser experimentadas. Ella baja la vista y bebe a su vez, luego deja la taza y la sigue mirando, consciente de que Will la mira.
- Bueno, cuéntame tú algo. Aquí también habrán pasado cosas, ¿verdad? - pregunta él, haciendo que Beth levante la vista y sonría mientras hace un pequeño mohín.
- Pues no mucho, la verdad. En busca de trabajo, pero no me acaba de convencer el mundo de la arquitectura... –
- Eso es un problema, teniendo en cuenta que eres arquitecta... –
- Sí – ríe ella - ya lo sé. Pero no parecía tan malo cuando no la había empezado. Salir del pueblo ya era lo bastante bonito, venir a la gran ciudad, ya sabes... –
- Sí. Quizá hay alguna otra cosa que te gustaría hacer y al mismo tiempo puedas aprovechar lo que has estudiado, ¿no? –
- Bueno, sí, pero es difícil. Me interesan las ideas chinas, el feng shui y todo eso. No el que sale en las revistas, sobre el color de las cortinas y dónde poner la figura de un caballo. El feng shui de verdad trata de corrientes energéticas que fluyen por la tierra, y lo que se construye las afecta y es afectado por ellas, como si fueran ríos y puentes, ¿sabes? –
- Bueno, algo he leído sobre ello. Creo que los ocultistas europeos también tenían alguna idea sobre ello, “corrientes telúricas” o algo así. Dicen que las catedrales usan esas corrientes y por eso se siente tanta paz en su interior... –
- Podría ser. Esa energía quizá sea el mismo tipo de energía de las almas de las personas, así que podría afectarnos. Quizá por eso hay sitios que se consideraban sagrados, en Europa los llamaban “nodos”, donde se unían varias “líneas ley”, esas corrientes telúricas. –
La conversación sigue durante varias horas aún, se alarga hasta incluir la cena y más allá. Finalmente, se hace tarde y deben despedirse. De pie, en la calle, sienten que tienen en común más cosas que con otra gente. Comprensión, quizá.
- Me alegro de haberte visto. No hay mucha gente con la que pueda hablar de estas cosas sin que me tomen por tonta. -
- Bueno, cada persona es cada persona. Algunos están dispuestos a entender, otros a intentarlo... otros no pueden aunque lo intenten. Tenemos suerte de haber encontrado a alguien con quien podemos hablar y sentir que nos entendemos. –
- Sí. Eso es lo que más me gusta. No nos hemos visto en meses, y aún así hablamos como si nos hubiéramos visto ayer... –
- Sí. –
- Bueno, hasta la próxima. – Beth se acerca y le da un rápido beso en la mejilla, antes de dar la vuelta y empezar a caminar.
- Beth – llama Will – Sabes que si necesitas algo puedes llamarme, ¿verdad? –
Ella da la vuelta y sonríe
- Claro. Y tú también lo sabes. -