viernes, 10 de octubre de 2008

Nuevos principios

- ¿Estás preparado? – pregunta William.
- Sí. A estas alturas ¿cómo podría no estarlo? –
- Esta noche marcará un antes y un después. Nada volverá a ser igual. –
- Lo sé. –
Ambos se miran. William con cierta preocupación disimulada. Will, como alguien que ya no tiene dudas porque acepta lo que hay como lo que hay. William pone la mano sobre su hombro y lo aprieta un momento.
- Te espero aquí. -
Will asiente y dirige su mirada hacia la puerta.

Pasa la tarjeta por el cierre electrónico, “Ábrete sésamo”, piensa Will. Con un click y un led verde el cierre da su conformidad. Will acciona el pomo en silencio y entra en la habitación, la respiración muy suave, la vista escaneando la disposición de las paredes, los muebles, reconociendo los detalles en el plano que estudió la misma mañana.
Su mano sale del interior de su chaqueta, enguantada en latex oscuro, sujetando una pistola con un silenciador corto y grueso.
Quita el seguro con un suave click mientras centra su vista en la puerta cerrada frente a él. Cierra la puerta despacio, sin apartar la vista de su objetivo, y luego camina como un gato hacia su presa, pisando con suavidad, las piernas flexionadas, el cuerpo en ángulo, preparado para apuntar y disparar en menos tiempo que el que necesitaría para pensarlo.
Apoya la mano en el pomo de la puerta. Inspira, contiene el aire un momento...
Abre la puerta de golpe.
Hay un hombre sentado en la silla, frente al escritorio. Los papeles ordenados a ambos lados hablan de estudios de mercado, estadísticas, números... El hombre no puede dejar de mirar la boca del silenciador, que no tiembla mientras le devuelve la mirada...



No hay llamarada. No hay estampido. Sólo un sonido sordo mezclado con la corredera del arma reaccionando al disparo y preparando la siguiente bala. Innecesaria. En la silla ya no se sienta una persona. Ya no está lo que le diferenciaba de un cuerpo inerte. Will se agacha, recoge el casquillo y lo guarda. Sale del dormitorio mientras baja el percutor, pone el seguro y guarda el arma, movimientos automáticos, sin necesidad de un pensamiento que los dirija.
Sale de la habitación. William está apoyado en la pared, los brazos cruzados, esperándole.
- ¿Ya está? -
- Sí –
- Entiendo -



- Silencio. Gira la silla hacia mí, despacio. Si haces un movimiento que no te pida morirás. Ahora, - se sienta en el borde de la cama – escucha con atención. Has tomado decisiones en tu empresa sin pensar que quienes la forman son personas como tú, con familias e hijos... -
Horas después, Will sale de la habitación. William está apoyado en la pared, los brazos cruzados, esperándole.
- ¿Ya está? -
- Sí –
- Entiendo –


***


- ¿Señor Park? Convoque una reunión... Hoy, a las once... Tienen que venir todos, asegúrese de que es así... Bien. -

- Tengo cosas que cambiar – dice el hombre, a nadie en particular. Mira la sábana arrugada en la esquina de la cama.