lunes, 13 de octubre de 2008

¿Es el fin del camino?

- Todo ha terminado antes de lo que esperábamos, ¿no crees? - dice William
- ¿Realmente ha terminado? –
William le mira unos segundos. Ambos están sentados esperando la salida del avión.
- Tenías que decidir. Y lo hiciste. Tenías muchas elecciones posibles. Podías matar a ese hombre. Podías intentar convencerle de que cambiara. Si tratabas de convencerle, podías intentarlo de varias formas, con varios argumentos, con varias actitudes... Podías vivir tu vida ignorando sus actos, podías haberme dicho “no voy a matar a nadie”, y aún así tratar de cambiar las cosas con cartas a su empresa, a los periódicos, a la televisión, formando una plataforma de acción social... Las posibilidades son muchas, y cuanto más piensas, más surgen. Y así es muchas veces la vida. Las personas lo reducen a un número más pequeño, más manejable, pero en realidad están o bien ignorando grupos enteros de posibilidades, o bien desechándolos. Todo el mundo lo hace. Si no, nadie decidiría nada nunca. -
- ¿Tenías todo esto planeado? –
- No. No puedes preparar el futuro. Sólo puedes intentar prepararte para lo que crees que puede ocurrir. Podías haber renunciado en los primeros días, podrías haberte pegado un tiro por desesperación, podrías haber muerto en aquella pelea, o ser atropellado mientras estabas borracho. Podías haber decidido cualquier cosa. No, no lo tenía todo planeado. –
...
- Han abierto la puerta de embarque. Vamos. -

...

Durante el vuelo, Will iba perdido en sus propios pensamientos. William mantenía una sutil sonrisa satisfecha en sus labios, los ojos cerrados, recostado en el asiento. Parecía dormir, pero cuando Will le miró, su sonrisa se ensanchó de forma imperceptible.
Pasaron las azafatas, la comida de avión, las películas...
Horas después aterrizaron, de nuevo en casa. Recogieron el equipaje. Habían pasado días sin conversaciones filosóficas, pero la mente de Will no descansaba. Ahora veía posibilidades que sabía antes no habría visto. Lo que iba a ser un año finalmente duró sólo unos días, pero William parecía haber llegado a donde quería.

- Bueno, ha sido un placer, Will – dijo William, extendiendo la mano justo antes de la puerta de salida.
- ¿Cómo? ¿No vas a salir o qué? –
- Voy a esperar un poco aquí. Fuera te espera una sorpresa. Ahora ya no necesitas que esté siempre a tu lado. –
- ¿Es que me lo has enseñado todo ya? –
- ¡Jajajaja! – William rió, complacido y sin tapujos, sin nada más que alegría y ganas de reír. – No podría enseñártelo todo, Will. "Todo" es una palabra muy grande. Pero sí que has aprendido lo suficiente. Yo te lo he enseñado y tú lo has aprendido, como debe ser. Aún no sabes todo lo que necesitarás saber, pero tienes las herramientas para aprenderlo tú solo. –
- Entonces, ¿no vamos a volver a vernos? –
- Will. – William dio un golpecito con sus dedos en el pecho de Will - Soy como el Fuji. Una parte de mí queda en ti, peregrino. – Volvió a ofrecerle la mano.
Will la estrechó.
Tras un momento mirándose, le abrazó. Luego se separaron, mirándose sonriendo.
- Hasta la vista, William. -
- Hasta la vista, Will. –
Will cogió su equipaje y se dirigió a la salida. Cuando la puerta se abrió giró levemente la cabeza, como dudando si mirar atrás. Luego sonrió, sabiendo que no hacía falta mirar para saber que seguía allí, y que entendía, y salió de la sala.

Entonces supo lo que William había querido decir con “sorpresa”

¡Como había deseado ese beso!