jueves, 11 de septiembre de 2008

- Participación en concurso MFS Marzo 08 -


- No entiendo cómo mi hermano prefiere vivir aquí - pienso, mientras miro a mi alrededor. La estación del tren está llena de gente que se mueve como si fueran insectos acelerados, sin mirarse entre sí y evitando chocar entre ellos como por arte de magia. Todo parece tan poco ordenado... No entiendo cómo la gente puede vivir así; Biochem tiene su granja muchísimo mejor controlada... En fin, vamos allá.
Salgo a la calle como puedo, entre empujones y miradas de reproche por mi torpeza, y trato de caminar por la acera sin tropezar con nadie ni estorbar demasiado, hasta que encuentro un pequeño callejón y entro unos pasos en él. ¡Qué alivio! Al menos no me siento como una manzana en las tolvas de la granja. Acabo de llegar y ya la echo de menos.
Y entonces me dan la vuelta como si fuera un trapo y resultan ser dos tipos con pinta de haber visto demasiadas películas de guerra.
- ¿Qué pas...? - BUM ¡Vaya ostia! Me acaban de meter un culatazo en el estómago. ¡Estos tipos van armados! Intento levantar las manos pero me golpean otra vez, y antes de darme cuenta me han esposado y me llevan casi en volandas a la parte trasera de una furgoneta que parece de transporte de presos. Me tiran dentro y uno de ellos sube conmigo. No sé si decir que cometen un error, pero miro su cara y creo que esperaré hasta que vea al juez o el jefe de esta gente o quien sea, que seguro que es más razonable. La puerta se cierra y la furgoneta se pone en marcha. Lo cierto es que me siento bastante nervioso con este loco que no me quita la vista de encima mientras acaricia su rifle.
Que coño, estoy cagado de miedo.
La furgoneta se para, el tipo que iba conmigo por fin aparta la mirada y se acerca a la puerta, cuando suena un disparo en el exterior. El tipo agarra su fusil, pero parece pensarse lo de abrir la puerta y salir. Entonces el cierre de la puerta revienta solo, y parece decidirse a cargar en pos de la gloria o algo. Nunca comprenderé actos como ese, yo estoy encogido, pegado al suelo. Sólo se ha asomado a la puerta cuando suena otro disparo y retrocede agarrándose la barriga. Y ahora es cuando todo se vuelve jodidamente surrealista. Entra una mezcla de chica y gato atigrado con una pistola humeante en la mano, me arrastra fuera sin siquiera quitarme las esposas, hacia una moto naranja y amarilla, y sin decir una palabra me gira hacia ella y me besa.- Por fin te encuentro. ¿Dónde has estado? - dice. Busco una forma de explicárselo, pero no puedo dejar de preguntarme en qué coño estaba metido mi hermano...