martes, 9 de septiembre de 2008

Oyendo al mundo respirar

No se puede reprimir un suspiro en este lugar, así.
La hierba creciendo en la tierra húmeda, el aire lleno de su olor. El cielo sobre nosotros, el peso de su cabeza sobre mi pecho, el tacto de su piel, oculto bajo el algodón y la lana, y aún tan cerca, tan fácil de sentir…
El viento agita su pelo, poniéndolo en mi nariz y haciéndome cosquillas. Mi propio aliento lo aparta en una risa callada. Se mueve un poco, quizá dormida, quizá sólo cómoda así, abrazada. Noto las yemas de sus dedos moverse sobre mis costillas bajo mi camiseta. El aire refresca ya, pero no siento frío, sólo aprieto un poco su cuerpo, rodeado por mi brazo. A veces tengo que resistir para no intentar meterla dentro de mí a base de abrazarla. Es como si estar piel con piel fuera demasiado lejos.
Miro la hierba, de un verde tan brillante que es difícil de creer, y el cielo tan azul que no podría confundirse con ningún otro color. ¡Los colores son tan vivos aquí! ¡Tan brillantes! El verde de la hierba, el azul del cielo, el negro de los acantilados, quizá sólo marrón oscurecido por este mar gris, verde, azul…
Las olas respiran, largos metros por debajo, como si el propio mundo durmiera a nuestro lado esta siesta…
Es tan fácil imaginar que sólo existe este lugar…Tan deseable que así fuera, que fuera eterno durante un largo momento…