sábado, 30 de agosto de 2008

Cuatro pisadas oxidadas

El agua sigue cayendo sobre las pisadas a nuestra espalda. Al principio la humedad de las gotas oscurecía el suelo, pero poco a poco la tierra se convirtió en barro, y las huellas que antes eran tan claras se desdibujan. El tiempo, el viento y la lluvia siguen erosionándolas. Me pregunto si llegarán a desaparecer, o si ya han desaparecido, y sólo mi imaginación las pone frente a mis ojos. Aunque las huellas desaparezcan, estuvieron allí, ¿verdad? El hecho no desaparece, sólo se agotan sus consecuencias...
Poco a poco se irán oxidando, el color se vuelve más rojizo y estropeado, y envejecerá junto con esta ciudad.
Nuestras cuatro huellas, en medio de las ruinas de los edificios que nos rodean, nuestras cuatro huellas desaparecidas del lugar donde estuvieron, pero que recordaremos mientras nuestra mente siga funcionando.
¿Cómo las recordaremos? ¿Alguna vez pensaremos que fue un error tomar este camino? Finalmente nos han conducido a donde no creíamos que llegarían.
¿Y ahora?
Ahora es hora de dejar atrás estas huellas, y caminar formando otras nuevas. Dejemos que estas huellas se emborronen, que desaparezcan con el tiempo, guardémoslas en la memoria y sigamos andando.
Cuatro huellas oxidadas a la espalda, ¿cuántas por dejar?